Uno de los reclamos más comunes entre empresarios es esta frase: “¿Cómo es posible que tenga que pagar ISR si no tengo dinero en la cuenta?” Y aunque muchas veces se piensa que el problema está en la contabilidad o en el contador, la realidad es que normalmente el origen del problema está en no entender la diferencia entre la utilidad financiera y la utilidad fiscal.
El ISR se paga sobre las ganancias de la empresa, pero aquí existe un punto clave: la utilidad financiera no siempre coincide con la utilidad fiscal. La utilidad financiera representa la realidad económica del negocio: cuánto vendiste, cuánto gastaste y cuánto realmente ganaste. En cambio, la utilidad fiscal depende de qué gastos cumplen con los requisitos fiscales para ser deducibles. Por eso puede ocurrir que una empresa haya ganado $400 mil pesos en términos reales, pero para efectos fiscales aparezca con una utilidad de $600 mil porque parte de sus gastos no tenían CFDI o no cumplían requisitos de deducción.
Ahora bien, incluso cuando la utilidad financiera sí existe, muchas veces el empresario espera verla reflejada directamente en la cuenta bancaria… y ahí viene otra gran confusión. Las ganancias rara vez permanecen “sentadas” en el banco. Normalmente se transforman en inventarios, maquinaria, cuentas por cobrar o pago de deudas.
Por ejemplo, una empresa comercial puede estar generando utilidades constantemente, pero reinvertirlas en mercancía para surtir más productos o ampliar líneas de negocio. En una empresa de manufactura, la utilidad puede terminar invertida en maquinaria, herramientas o materia prima. Y en negocios que venden a crédito, la utilidad muchas veces está “atorada” en clientes que todavía no pagan. Financiera y fiscalmente la ganancia sí existe, simplemente no está líquida.
Incluso el pago de pasivos puede consumir utilidades. Cuando una empresa compra maquinaria financiada o adquiere deuda para crecer, las ganancias futuras muchas veces se destinan al pago de esos créditos. El empresario siente que “no tiene dinero”, pero en realidad su utilidad se está utilizando para construir patrimonio o fortalecer la operación.
Por eso es indispensable que toda empresa tenga, como mínimo, tres herramientas financieras: balance general, estado de resultados y estado de origen y aplicación de recursos. Este último es especialmente importante porque permite identificar exactamente dónde quedó la utilidad de la empresa. Si la utilidad no está en el banco, ese estado financiero ayuda a descubrir si terminó en inventario, activos fijos, cuentas por cobrar o reducción de pasivos.
Otro punto fundamental es entender que el contador solo puede trabajar con la información que recibe. Muchas veces existen gastos reales que nunca se documentaron correctamente, movimientos que no se reportaron o aportaciones en efectivo que jamás se registraron. Eso provoca que el estado financiero fiscal no refleje la realidad completa del negocio. El problema no siempre es fiscal; muchas veces es administrativo.
En conclusión, pagar ISR sin “tener dinero” no necesariamente significa que el negocio esté mal o que alguien esté robando. La mayoría de las veces significa que la utilidad está invertida dentro de la propia operación. El verdadero problema aparece cuando el empresario no entiende dónde está su dinero. Y para resolverlo no basta con revisar la cuenta bancaria: se necesita información financiera clara, estados financieros correctos y una visión mucho más estratégica del negocio.
Enviar un comentario