Ana era una abogada que le había ido bien en el mundo corporativo y tenía ya cierto capital ahorrado y estaba buscando invertirlo en algo para que le generara rendimientos.
Camila, una amiga de la prepa, la invitó como inversionista en un negocio que tenía de fletes. Le comentó a Camila que si ella compraba un camión que costaba alrededor de $2 millones de pesos, le dejaría una ganancia aproximada del 40% anual, misma que podría cobrar mensualmente.
Ana estaba muy emocionada de la inversión en la que participaría, solo que cometió un pequeño error, no se asesoró previamente con un abogado para saber cómo proteger su dinero.
Resulta que para poder entrar a este negocio, Ana no podía comprar directamente el camión, ya que la empresa de Camila es la que tenía los permisos, por lo que el camión debería de estar a nombre de la empresa de Camila. Entonces decidieron que Ana entraría como socia aportando los $2 millones de pesos.
Hicieron un acta de asamblea donde la aceptaban como inversionista y le asignaban 200,000 acciones a $10 por acción.
Pasó apenas un mes de la inversión y Camila falleció, quedándose la empresa un hermano de ella.
Pasado el luto, al momento de querer cobrar sus primeros rendimientos vinieron los problemas.
Primero, el hermano se negaba a pagarle un rendimiento mensual, ya que alegaba que ella entró como accionista a la empresa, por lo que no tiene derecho a pagos mensuales, sino a reparto de dividendos cuando les toque a todos.
Sin embargo para ese momento no se habían decretado ningunos dividendos, además de que la empresa tenía pérdidas contables por las inversiones que estaba realizando en activos fijos, por lo que no pagarían dividendos por los siguientes años hasta que tuvieran utilidades. Por lo tanto, a Ana no se le podría pagar por este concepto. Además que de haberle pagado a ella se les tendría que haber pagado a todos.
Segundo, Ana les propuso cobrar “asimilados”, siendo que este ni siquiera es un pago, y que además estarían simulando una comisión o una prestación de servicios, ya que lo que se estaban pagando eran intereses y no esos conceptos. Además que el hermano de Camila se negaba a pagarle a Ana ya que legalmente no existía documento alguno donde dijera que se pagaría de manera mensual a Ana un rendimiento.
Tercero, no se le podían pagar intereses, ya que ese tipo de acciones no tenía derecho a los mismos, y además no se tenía alguna obligación de pago de parte de la empresa para con ella.
Al final, Ana quiso convocar a una asamblea para solicitar su salida y reembolso de capital, sin embargo, no tenía los títulos accionarios que le darían el estatus de accionista y poder solicitar se lleve a cabo la asamblea; además que no tenía mayoría ya que las acciones que ella poseía no eran más del 12% del capital de la compañía y el otro 88% era ostentado por la familia de Camila.
En conclusión, Ana prácticamente perdió su patrimonio por no haberse asesorado correctamente al haber invertido. Si ella lo que planeaba era cobrar intereses, hubiera hecho un préstamo y un pagaré para efectos de poder cobrar esos intereses mensuales y al final del plazo poder reclamar el 100% de su capital o en su caso poder embargar a la empresa.
Cuando vayas a invertir en cualquier instrumento es muy importante que siempre analices tu estrategia de salida, ya que de nada sirve que te den muchas ganancias si al final no podrás recuperar tu capital de manera sencilla.
Salime Piñera
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